Pasa la tuna en Santiago.....

Como homenaje a la más antigua de las tunas de España y del mundo, tal como hoy en día se entienden, LATUNA UNIVERSITARIA COMPOSTELANA

LA CASA DE LA TROYA

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A la antigua usanza.

El Folgar antiguo
"-Y te espantas de pocas cosas: que sin este enamorado murciélago, hay otros ochenta, para quién tiene repartidas las horas del día y de la noche.
-¡Por vida del mundo que la tenía por una santa!". (El Diablo Cojuelo)
El rondar formaba parte de las habilidades que todo caballero - o figurante a tal- debía dominar para conquistar los favores de la dama pretendida, la cual no osaría prestar atención de quién no manejara diestramente las artes del cantar, la trova, y el tañir, así como otras que se nos indican:
"Aprendí a bailar, a jugar la espada y la pelota, torear, hacer versos...". (Vida de Torres Villarroel)
El pícaro estudiante debía, una vez conocidas las artes de la conquista, buscar los medios propicios para tal, lo cual conllevaba el abandono de la vida lectiva, en pos del aprendizaje de una vida mucho más nocturna y azarosa. Esto suponía, la mayoría de las veces, el abandono no siempre fácil del colegio o residencia:
" ... y paré todo mi ingenio en discurrir diabluras y enredos para librarme de la reclusión y las tareas que se deben emplear los buenos colegiales de aquella casa. Abría puertas, falseaba llaves, hendía c andados, y no se escapaba de mis manos pared, puerta ni ventana en donde no pusiese las disposiciones de falsearla, romperla o escalarla.". (Vida...)
En pos de la amada, el estudiante se cubría de capa y montera tal como indica Torres, y puntualiza el Diccionario de Autoridades:
" Era grave delito en mi tiempo romper de noche la clausura, y tomar de día la capa y gorra, y todas las noches y los días quebrantaba a rienda suelta estos preceptos.". (Vida...)
" De capa y gorra: se dice del que va de rebozo sin el traje propio de su estado y condición; lo que es más común en las Universidades donde salen los estudiantes y colegiales con capote y montera para no ser conocidos a divertirse y pasearse acompañados al campo.". (Dicc. de Autoridades)
La noche era, pues, su elemento, pues el estudiante antiguo, pícaro de necesidad, encontraba en ella cobijo a sus argucias amatorias, así como disimulo de sus chanzas y carestías:
" Verás cómo se va desnudando aquel hidalgo que ha rondado toda la noche, tan caballero del milagro en las tripas cómo en las demás facciones, pues quitándose una cabellera, queda calvo; y las narices d e carátula, chato; y unos bigotes postizos, lampiño; y un brazo de palo, estropeado; que pudiera irse más camino de la sepultura que de la cama.". (El Diablo Cojuelo)
El día era momento de reposo y apaño de las necesidades materiales, que dadas las circunstancias, no eran pocas: conseguir sustento y reparar los semblantes para agrado de la dama:
"Y como en otras partes hay hora señalada para oración, la tenemos nosotros para remendarnos. Son de ver, a las mañanas, las diversidades de cosas que sanamos; que, como tenemos por enemigo declarado al sol, por cuanto nos descubre los remiendos, puntadas y trapos...". (El Buscón)
Muchas veces, la conquista de la mujer amada suponía no pocos peligros, afán aventurero y curtida experiencia para llevarla adelante, cosa que, pese al empeño, no siempre sucedía a causa de otros rivales:
" -Si yo fuera el marido -dijo don Cleofás-, más los tuviera por gatos que por músicos.
- Ahora te parecerán galgos, porque otro competidor, con una cuadrilla de seis o siete, vienen sacando las espadas, y los Orfeos de la maesa, reparando la primera invasión con las guitarras, hacen una fuga de cuatro o cinco calles...". (El Diablo Cojuelo)
...o a causa de la Justicia:
" Don Cleofás Leandro Pérez Zambullo, hidalgo a cuatro vientos, caballero huracán y encrucijada de apellidos, galán de noviciado y estudiante de profesión, con un broquel y una espada aprendía a gato por el caballete de un tejado, huyendo de la justicia, que le venía a los alcances por un estupro que no lo había bebido ni comido.". (El Diablo Cojuelo)
No es, por ello, de extrañar, que en folgar de antaño, aparte del ideal romántico, no hubiera quien se dejase llevar por motivos menos idealistas, aunque no menos importantes:
" Y lo que más has de notar: que nunca nos enamoramos si no es de "pane lucrando", que veda la orden damas melindrosas, por lindas que sean; y así, siempre andamos en recuesta con una bodegonera por la comida, con la gü éspeda por la posada...". (El Buscón)